miércoles, agosto 12, 2009

La sarna

En Calais, población francesa de la que incidentalmente era oriundo mi abuelo paterno y donde ahora se amontonan cientos de inmigrantes afghanos, eritreos, somalíes, sudaneses o etíopes y negros africanos en espera de pasar a Gran Bretaña, bien a través de los ferries o del ferrocarril que cruza bajo el Canal de la Mancha y escondidos como polizones en camiones, las autoridades sanitarias francesas han instalado una batería de duchas para luchar contra la sarna. Que es una infección de la piel, muy contagiosa y causada por un parásito. Propia de personas con bajo nivel de limpieza y que, en España, fue bastante habitual en la post-guerra y su época de profunda miseria.

A mi no me gustan los inmigrantes, especialmente los ilegales que llegan sin ninguna garantía sanitaria, sin trabajo, sin papeles, sin casi nada pobre gente...

¿Es esto racismo o xenofóbia? No, hijo no, es higiene. Mejor, mucho mejor, ayudarles para que se puedan duchar en su país y no tengan que salir a ganarse la vida.

Pero para esto habría que empezar deteniendo y colgando a casi todos sus dirigentes, negros analfabetos o dictadores corruptos o las dos cosas a la vez.

Cuando la descolonización, en algunos países africanos francófonos (por ejemplo y porqué los conozco más) gobernaron políticos que habían sido formados en Francia y que algunos eran unos intelectuales, como Leopold Sedar Senghor en Sénégal (Académico de la Lengua Francesa) y cuya obra modernizadora continúa ahora Abdoulaye Wade.

Como en Costa de Marfil, cuya independencia lideró Félix Houphouët-Boigny, ministro en diversos gobiernos franceses, y que hizo de su país uno de los más prósperos de África y de su capital de entonces, Abidjan, una de las metrópolis más modernas y dinámicas de aquel continente. Pero a su muerte empezaron a multiplicarse los golpes, contra-golpes y guerras civiles (ya iniciados con la crisis económica del final de los gobiernos de Houphouët y que este no supo prever) y ahora el país es una ruina. Como lo han sido, desde su independencia, la mayoría de sus vecinos.

Que no me traigan la sarna aquí...

Coronel Von Rohaut