lunes, enero 30, 2017

Pues no, yo no los quiero en mi casa...

Un día que yo regresaba de un viaje comercial a Teherán, en el aeropuerto de Roma me encontré con un antiguo compañero de escuela y, al comentarle yo las vicisitudes por las que había pasado, me dijo: "Coño, lo tuyo es gloria comparado con lo que yo he sufrido en Irak y en Libia, de donde vengo de vender unas líneas de material sanitario de la empresa donde trabajo".
Y me contó que, en Libia, donde su posible cliente se presentó a la reunión en un gran coche Mercedes pero vestido con chilaba y con los pies desnudos enfundados en unas sandalias, durante la entrevista y mientras negociaban, se quitó las sandalias y, con los dedos de las manos, se rascaba entre los dedos de los pies sudados...
Ahora, cuando ante el endurecimiento de fronteras, muchos "progres" y "buenistas" se exclaman que, en los principios fundamentales de la creación de la Unión Europea está la "libre circulación de las personas", se olvidan de añadir o precisar que se trataba de "la libre circulación, en Europa, de las personas europeas" (*). No de dejarnos invadir impunemente por "putos moros asesinos" ("djihadistas" o terroristas islamistas) venidos de fuera, ni de acoger libremente a elementos guarros, malolientes y sin civilizar (ya tenemos de sobra con los gitanos que viven aquí desde hace siglos sin que se hayan educado), o vagos, maleantes y demás gentes de mal vivir.

Coronel Von Rohaut
(*) O de extranjeros que ya hayan ingresado legalmente en Europa a través de uno de sus paises signatarios pero de los que se espera que hayan efectuado el pertinente control o filtro fronterizo en las "fronteras exteriores".  No que vengan todos en masa y "pasen, pasen que verán el pisito...".