viernes, junio 01, 2018

Por fín y nunca es tarde si la dicha es buena

El indigno señor Mariano Rajoy no estuvo ni ayer por la tarde ni esta mañana (hasta el momento de la votación) en los debates de la moción de censura a su gobierno y liderazgo, que ha perdido, mostrando su rastrera cobardía y falta de vergüenza y hombría, y su total falta de respeto al Parlamento o a la Democracia.

Y por fín y después de muchas tropelías, abusos, cacicadas, felonías y deslealtades, especialmente a los catalanes, nos hemos quitado de encima a este espécimen del peor ultranacionalismo hispano-castellano, centralista, ultramontano, iletrado, ignorante y bellotero.

Nada espero del "sociata" Pedro Sánchez Pérez-Castejón, nieto de un general franquista. Nada nos dará a los catalanes pero seguro que, peor que el Rajoy y su banda, su "gang" de mafiosos chorizos y delincuentes, aves rapaces apoyadas por falangistas "joseantonianos" como el Rivera (*), no podrá ser, ni queriendo...
¡Adiós, Rajoy! Adiós Soraya, adiós Montoro, adiós al sevillano Zoido y su asqueroso antecesor, el Jorge Fernández Díaz hijo de "Fachadolid", adiós a todos los bastardos, altos funcionarios de las dinastías castellanas que llevan siglos ordeñando, rapiñando, las ubres catalanas para alimentar su insaciable parasitismo, su soberbia, pedantería, pereza mental y desprecio altanero (**).

Coronel Von Rohaut

(*) Ayer estuvo bien, en su vibrante intervención, el Pablo Iglesias, de Podemos, llamándole fascista joseantoniano al Rivera, y ya era hora que alguien se lo dijera en público y para que quedase reflejado en las Actas de las Cortes.
(**) No, no los perderemos todos de vista pues muchos están enquistados en los aparato del poder u otros vendrán, ya que las plagas de alimañas son indestructibles y se expanden como la tiña...
Tan solo la independencia, la República Catalana, nos libraría de esta pestilencia, de esta gentuza que nos "okupa" y nos chupa la sangre como sanguijuelas o asquerosas sabandijas mesetarias que nos insultan y humillan abusando de su superioridad demográfica, y a pesar de su inferioridad moral e intelectual.
¡Que sí, hombre, que sí! Que yo soy un supremacista catalán...

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